S.O.S. SPAM  (*)

El correo basura es uno de los principales problemas de los proveedores y usuarios de Internet.

"Este mensaje se envía con la complacencia de la nueva legislación sobre correo electrónico: Por sección 301, parrafo (a) (2) (C) de S.1618. Bajo el decreto S.1618 titulo 3ro. aprobado por el 105 Congreso, base de las normativas internacionales sobre SPAM, este  E-mail no podra ser considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido". 

Si nunca leyó esta frase al pie de un e-mail recibido de un desconocido, sonría: Ud. es un afortunado que todavía no dedica parte de su tiempo y dinero a eliminar mensajes no deseados.

¿De qué se trata?

El spam es la técnica de envio indiscriminado de e-mails a miles de usuarios que no pidieron recibirlos e integra el grupo de los llamados "Abusos en el Correo Electrónico" pues su práctica trasciende los objetivos habituales del servicio y perjudica a proveedores y usuarios. El origen del término es impreciso. Una version lo relaciona con una canción de una pelicula de Monty Python que repetía sin sentido e incesamente esa palabra. Otra sostiene que su nombre se inspiró en un tipo de carne de color rosado que se comercializa enlatada en Estados Unidos y que para muchos es sinónimo de comida chatarra. Más allá del origen exacto del vocablo, lo cierto es que fue en Usenet donde se empezó a llamar así a los mensajes enviados un número inaceptable de veces a uno o más newsgroups. Si bien la práctica habitual consiste en el envio de correo comercial y publicitario, no son pocos los casos en que se lo utiliza con el fin de paralizar el servicio por saturación de las líneas, del espacio en disco o de la capacidad de procesamiento de un servidor. En la mayoría de los casos el spammer -así se denomina a quienes practican esta actividad- es desconocido y la dirección de correo que aparece en el remitente es falsa, lo que impide identificar una dirección de retorno correcta para responder el mensaje.

Enviar infinitos mensajes de correo electrónico es tarea fácil para un spammer. Basta tener una cuenta de correo electrónico y una base de datos con direcciones electrónicas. Aunque los spammers se excusan diciendo que el usuario puede defenderse borrando los mensajes recibidos o solicitando que su dirección se excluya de la lista de destinatarios, el problema es mucho mayor. Según la Comisión de Mercado Interno de la Unión Europea el costo del spam a nivel mundial alcanza los $10 billones anuales. Cada mensaje enviado por un spammer es transportado por varios sistemas hasta que llega al lugar de destino, generando costos a lo largo de la cadena. El bolsillo de los usuarios es quien paga los pulsos de su cuenta telefónica por el tiempo que ocupan en desargar estos mensajes, además de los recursos de espacio de almacenamiento y tiempo para su lectura y eliminación. Por su parte, los proveedores de servicio consumen ancho de banda para procesarlos y, por ende, la velocidad y calidad de sus servicios disminuye. Finalmente, los costos se transfieren al usuario final, repercutiendo negativamente en la satisfacción de los clientes y en los ingresos económicos de las empresas.

Prohibido Spammear

El Spam ha sido condenado desde los albores de Internet, especialmente por la Netiquette y las RFCs 2505 y 2635, pero también por las asociaciones que nuclean a los proveedores de servicios de Internet y por diversos pronunciamientos judiciales extranjeros. Esta postura ha sido la adoptada por los redactores del proyecto de Ley sobre "Régimen de Propiedad Intelectual de las Obras de Informatica y Regimen Penal" presentado a mediados del año 2000 por el Senador Bauzá, que pretende sancionar con una multa de 1.000 a 10.000 pesos a quienes saturen o carguen indebidamente de mensajes las casillas de correo electrónico o sitios informáticos de un receptor que no hubiera solicitado la publicidad recibida.

No obstante, son pocas las voces que se alzan a favor de la prohibición total. Varios de los proyectos existentes sobre la materia, sobre todo los elaborados en la Unión Europea, consideran apropiado el sistema de opt-out que permite a los usuarios solicitar que sus datos sean excluidos de las bases de datos utilizadas por los spammers. Ese es el criterio que, en concordancia con la Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales, sostiene el Anteproyecto de Ley sobre Formato Digital de los Actos Jurídicos y Comercio Electrónico preparado por la Jefatura de Gabinete, que establece que las comunicaciones comerciales no solicitadas deben ser claramente identificadas como tales e incluir una opción automática de exclusión voluntaria de la lista de destinatarios. Lamentablemente este remedio sólo funcionaría localmente, ya que no podría imponerse el sistema a quienes envien mensajes spam desde otro país.

Resulta claro entonces que los métodos mencionados no impiden que las víctimas del spam puedan evitar totalmente la invasión a su privacidad. Por ello, valiéndose de la técnica del "marketing permission", las organizaciones protectoras de los usuarios y consumidores prefieren el sistema opt-in, según el cual quien pretenda enviar mensajes comerciales deberá contar con la autorización expresa del destinatario.

Más allá de estas propuestas, aún no existe legislación nacional ni internacional que trate el spam. Estados Unidos es el país que más interés ha demostrado en combatirlo, siendo varios los juicios que enfrentaron a gigantes de la industria de Internet como America OnLine, Prodigy o CompuServe contra empresas dedicadas a realizar campañas publicitarias a través del correo electrónico. Sin embargo, más allá de algunas leyes estaduales -como las de Washington, Illinois o Massachusetts-, hasta el momento ningún proyecto con alcance federal ha sido aprobado. Ni siquiera el ya famoso y nunca sancionado Decreto S.1618 del 105 Congreso, que no fue más que un proyecto de enmienda para el Acta de Telecomunicaciones presentado en el año 1998, pero que quedó en el olvido. Sin embargo son varios los proyectos que siguen en pie, entre ellos el H.R. 3113 que pretende que los mensajes comerciales sean identificados como tales e incluyan instrucciones para que quienes los reciban puedan excluirse de la lista de destinatarios, el S.2542 que exige que los spammers proporcionen información correcta que permita localizarlos e identificarlos y prohibe la distribución de software que permita falsificar la información del emisor, y el H.R. 2162 que faculta a los proveedores de servicio de Internet a demandar a los spammers que no cumplan con las condiciones del servicio contratado con sanciones que oscilan entre 50 y 25.000 dólares.

¿Hay solución?

El mundo sin fronteras creado por Internet impide que intentos de soluciones locales puedan aplicarse a problemas globales. Por el momento la Netiquette y las condiciones de uso de los servicios de correo electrónico surgen como las mejores alternativas para intentar controlar el spam. Los programas utilizados para filtrar automáticamente dichos mensajes disminuyen los problemas, pero no son totalmente eficientes. Los proveedores de servicios de Internet deben adoptar políticas de "tolerancia cero" respecto a los mensajes spam que envien sus clientes y exigir el cumplimiento de las condiciones de contratación del servicio. Debe alentarse la aprobación de códigos de conducta que obliguen a las partes involucradas en el negocio a comportarse éticamente. También es recomendable que se prohiba el desarrollo de software que permita enviar mensajes engañosos, que se impida que los remailers anónimos sean utilizados con fines publicitarios y que se concientice a las empresas que enviar e-mails inconsentidos perjudica su imagen comercial.

Gustavo Daniel Tanús 

(*) Artículo publicado en Information Technology, revista editada por Mind Opener S.A. Edición Nº 53 - Abril 2001, pág. 112. Buenos Aires, Argentina.

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